Por qué el tenis se volvió más lento
Y cómo esto nos dio, en efecto, cine 🚬
El 78% de los rallies en la final del US Open de 1998, entre Patrick Rafter y Mark Philippoussis, se decidieron en tres tiros o menos.
El mismo año, en Wimbledon, Pete Sampras venció a Goran Ivanišević en un partido donde el 85% de los rallies terminaron en tres tiros o menos.
Mal año para hacerse fan del tenis. Lo bueno es que en esos días, el autor de este artículo tenía apenas dos años, y la viabilidad televisiva del deporte no me quitaba el sueño.
Pero para fortuna de todos, alguién se dio cuenta que los fans del futuro iban a necesitar algo más estimulante para captar su atención.
Y no sé qué hizo, pero funcionó (la verdad si sé, por eso escribí toda esta biblia), porque para la final de Wimbledon de 2008, Nadal venció a Federer en un partidazo que duró 4 horas con 48 minutos y donde solo el 57% de los rallys duró menos de tres tiros. Para muchos, este fue el mejor partido de tenis de la historia.
Hasta entonces.
Apenas el año pasado, en la final del Abierto Francés 2025 en Roland Garros, que de por sí se juega en la superficie más lenta para el tenis, Alcaráz le dio una vuelta histórica a Sinner en un partido que debió haber terminado en 3 horas y 43 minutos, cuando Sinner tenía el match point en 40-0, arriba 5-3 en el cuarto set para titularse campeón.
Pero no.
Cuando ya todos lo dábamos por muerto, Alcaráz dijo “VAMOOOOS”, y se convirtió en una máquina de hacer puntos y en lo mejor que le ha pasado al tenis desde la invención de las cuerdas sintéticas.
Vivió una hora y 46 minutos más para salir victorioso en la que ha sido vista, según The Guardian, como “una de las mejores finales de la historia en cualquier deporte”.
El partido duró un total de 5 horas y 29 minutos, volviendose la final más larga en la historia del Abierto Francés. Incluso Federer dijo que esa tarde se levantaron tres campeones: Alcaraz, Sinner, y “el hermoso deporte del tenis”. O sea que ganó el deporte, dice. Tipazo.
Y aunque no encontré datos oficiales para encontrar el promedio de tiros por rally, ChatGPT me ayudó a sacar un estimado basado en patrones de juego en arcilla y partidos entre este par. Aclaro que este número no es para nada oficial, pero según lo que me dijo mi robot-practicante, el promedio en el partido habría sido de 9 tiros por rally. O sea un montón. Y aunque, de nuevo, no tengo forma de probarlo, te puedo decir que habiendo visto cada minuto de las 5 horas y media que duró el juego, me suena viable (fuentes: creeme we). A menos que algún nerd pueda desmentirme aquí en los comentarios. Los leo.
Antes de pasar a lo siguiente quiero aclarar algo.
¿Qué quiero decir con “tenis más lento”?
Cuando digo tenis más lento, no quiero decir que los partidos sean necesariamente más largos. Si, los dos ejemplos que doy arriba son de partidos larguísimos, pero no son, de hecho, los más largos en todo el deporte, habiendo varios partidos (desde los 80s) que han durado más de seis horas y algunos que se han tenido que partir en varios días.
Esto se debe al sistema de puntuación único del tenis, que es todo otro tema, pero no entraremos en detalles ahora.
Pero no. Cuando hablo de un tenis más lento, me refiero más bien a un estilo de juego. Lo cual, de nuevo, podría levantar preguntas.
Si, los jugadores en general le pegan mucho más fuerte a la bola hoy que nunca. Y cuando digo tenis lento, no me refiero a la fuerza del golpe o a que la bola vaya más despacio.
Me refiero a un estilo de juego, donde el tenis se juega desde la base de la cancha, en puntos mucho más largos que ponen a prueba la capacidad física y la constancia de los jugadores.
Mientras que antes un punto se definía en tres tiros, el tenista de hoy debe estar preparado para aguantar muchos más. Debe llegar a todas constantemente y a lo largo de un partido y un torneo si es que quiere ganar. Dando, en mi opinión, partidos mucho más emocionantes y divertidos de ver.
Pero hasta aquí solo te estoy contando. Vamos a ver en serio como se ha dado esto de la evolución.
Las “eras” del tenis
La historia del tenis es larguísima. Podemos encontrar sus orígenes en juegos medievales y si le rascas, aún más atrás.
Pero para hablar de un deporte más similar al que conocemos ahora, podemos saltarnos hasta 1870, cuando el “tenis de jardín” se popularizó entre los ricos de la era victoriana. Todo porque un tal Walter Wingfield les empaquetó y vendió un set para armar sus partidos en sus jardines.
Cinco años después, ya empezaban a organizarse torneos. De hecho, el primer campeonato de Wimbledon sucedió en 1877.
Pero estos no eran los tiempos ni el deporte de los atletas profesionales. Y como todo lo que venía de Inglaterra en esos días, la primera era del tenis estaría marcada por una fuerte distinción de clases.
La era Amateur (1877-1968)
La primera era del tenis ni siquiera nos habla de estilos de juego. Antes de poder hablar de eso, tenemos que entender todo lo que tuvo que pasar para que el tenis se pudiera jugar como el deporte que conocemos ahora, y todos los personajes que se levantaron para que esto pasara.
Por lo general, el tenis permanecía amateur. Los campeones no podían cobrar premios. Solo podían aceptar viáticos o algunos beneficios de sponsors y benefactores pero hasta ahí.
Amateur, en este contexto, se refería de algún modo al que podía darse el lujo de tener tiempo libre para entrenarse en tenis por pura diversión. El profesional del tenis tenía que correr tras una pelota por su vida. Oso.
Se dieron algunos partidos de exhibición y eventos de pros vs amateurs, pero los torneos “open” (o sea donde se podía registrar y calificar sin esta distinción) estaban prohibidos.
Pero con todo y su payasada, el tenis creció. Y para 1910, ya se jugaba en más de 20 países.
La primera guerra mundial le puso pausa a este crecimiento, pero al final, volvió con todo, dándonos las primeras “estrellas” del tenis. William “Big Bill” Tilden, por ejemplo, popularizó el tenis como deporte en Estados Unidos, rankeando en número uno del mundo de 1920 a 1925.
Suzanne Lenglen, del otro lado del atlántico, ganó 250 títulos con un porcentaje de victorias totales de 96.6%. Leglen fue además un personajazo cuya vida y obra debería ser caso para todos los deportes profesionales, el deporte femenil, e incluso la lucha de clases. Algún día le escribiré un artículo. Por hoy, te dejo nomas este video.
Otro nombre de aquellos días que quizá todavía te suene es Rene Lacoste. Si, ese Lacoste.
Este enorme boom provocaría que el interés por el tenis llegara a un punto de inflexión. La pregunta en boca de los cuerpos gobernantes del tenis era: nos quedamos con nuestro balón o nos juntamos con la chusma (o sea los sucios y apestosos pros).
¿Por qué tanto dilema? Pues varios pretextos.
Entre ellos, se decía que profesionalizar el tenis sería “una amenaza a la misma naturaleza del deporte” (🙄). Puesto en otras palabras: el tenis empezó como un deporte de ricos, y no les gustaba la idea de que la perrada les ganara en su propio juego.
En 1926, por ejemplo, Suzanne Leglen se hizo pro, aceptando un contrato para emprender la primera serie profesional de exhibiciones internacionales significante en la historia del tenis. Esto provocó que la vetaran de participar en los cuatro torneos principales. Adivina cuales eran… El campeonato de Australia, el campeonato de Francia, Wimbledon, y el campeonato de Estados Unidos. ¿Te suenan?
En fin, la tensión entre el creciente interés por el tenis y quienes lo regulaban, provocó que más y más campeones optaran por volverse pros, así les costara no poder participar en los torneos “de más caché”.
En cambio, competían en los menos disponibles eventos profesionales y fuera de ahí, vivían yendo del tingo al tango en eventos de exhibición de una noche, como cirqueros, pero al menos podían vivir del tenis.
Claro que esto estaba poco a poco quitándole al mismo deporte sus mejores estrellas.
Pero así de orgullosos son los ricos. Hasta que les amenazas su negocio.
La época dorada del tenis (60s y 70s)
Para los 60s, los gobiernos nacionales del tenis promovieron que se levantara la distinción entre amateur y pro, pero la Federación Internacional del Tenis (ILTF) no dobló las manos.
El tenis, sin embargo, seguía creciendo. Más rápido de lo que la ILTF podía controlar.
En 1967, el ex capitán del equipo estadounidense de Copa Davis, George McCall, trajo dinero de promotores, petroleras, y millonarios del fútbol americano para fundar la Liga Nacional de Tenis en EUA, donde firmaron a varios de los mejores del tenis internacional.
Ya para finales de ese mismo año, el club gobernante del tenis en inglaterra por fin se rebeló y declaró el campeonato de Wimbledon “Open”. Y ahí si la ILTF se enojó. Quisieron suspender a la asociación. Pero ya incluso estrellas amateur como Arthur Ashe y Billy Jean King saltaron a defender la propuesta, amenazando de sublevarse. Y en este punto, si se les iban ellos, se les iba quizá pabajo el changarro.
Así que por fin en 1968, tras una reunión de emergencia, la ILTF aceptó de manera unánime retirar sus oposiciones, dando origen a la era Open.
La era Open (1968 - presente)
Ahora sí, aquí podemos desdoblar todo lo demás.
Una vez abiertas las puertas, oh sorpresa, el tenis creció exponencialmente, permitiendo que el deporte, los jugadores, y la tecnología se desarrollaran. Marcando así épocas dentro de la era Open.
Era de saque y volea (1970s-80s)
Saque y volea es una estrategia donde el jugador ofensivo aprovecha el saque, que es el único tiro donde puede controlar todo lo que sucede desde su primer movimiento hasta el impacto con la bola, para mandar un mandarriazo al rival e inmediatamente sube a la red.
Así, cuando el jugador defensivo responde todo desorientado, sale un letrero enorme que dice FINISH HIM y el primero puede clavar un remate anticipado, de volea, dejando con poca capacidad de respuesta al rival.
Justo así:
O así, por ejemplo:
Esto entrega juegos rápidos, donde la mayoría de los puntos se resolvían en tres tiros o menos. Saque, defensa, volea, fin.
No es una estrategia fácil de dominar, pero si resulta la más efectiva para manejar el partido. Por esa razón, se empezó a adoptar cada vez más, favoreciendo a los jugadores con un estilo de juego agresivo y a la ofensiva.
Pero entonces, ¿por qué ya casi nadie la juega?
Tres razones.
La primera fue el revés a dos manos.
En los 70s, según Joel Drucker, “el revés a dos manos era tabú”, pero jugadores como Jimmy Connors y Bjorn Borg llegaron a romper el paradigma y devolver saques a dos manos, entregando una defensa mucho más poderosa y menos predecible.
De pronto, el jugador a la ofensiva, subiendo a la red, ya no podía adivinar tan fácil cómo y por dónde le llegaría la respuesta. Y lejos de poder volear la bola con ventaja, era pasado por ella más y más frecuentemente.
La segunda razón fue el brinco tecnológico en las raquetas.
¿Alguna vez has visto las raquetas de antaño? Mi papá aún tiene la suya y aunque es una belleza que pertenece en algún museo, también me pone a pensar ¿no le podían echar cinco pesos más de área de golpe?
Las raquetas dejaron de ser de madera, evolucionando a compuestos mucho más ligeros. Pero aún más importante, el área de impacto creció casi al doble. De pronto, devolver disparos desde atrás de la cancha era mucho más viable y se le podía imprimir mucho más fuerza y giro a la bola. Y así los patos empezaron a tirarle a las escopetas, y el que se apresuraba a la red para matar un punto, terminaba siendo presa fácil.
La última razón es la que abre el debate de si la evolución a un tenis más lento fue deliberada o no.
Se trata de…
La evolución de las superficies
Existen tres tipos de superficies en tenis.
El pasto, que es tradicionalmente la superficie más rápida ya que la bola patina, bota poco, y puede entregar botes impredecibles.
La arcilla, que es tradicionalmente la más lenta, entregando el bote más alto y favoreciendo a los jugadores defensivos.
Y el “cemento” o superficie dura. Que se supone es un intermedio, entregando el bote más predecible de los tres.
Según Tifo Sports by The Athletic, un tiro a 108 km/h en arcilla, entrega un rebote de alrededor de 61 km/h. Mientras que un tiro a la misma velocidad en pasto, resulta en un rebote de alrededor de 72 km/h. No solo eso, sino que el rebote en arcilla puede ser hasta un 20% más alto que en pasto.
Esto generó dos estilos de juego. El de saque y volea, ideal para el pasto, y el juego de fondo, que brillaba en arcilla, donde los jugadores pasan más tiempo, literalmente, en el fondo de la cancha, midiendo al rival con tiros más defensivos donde pueden encontrar las debilidades del rival y desarmarlos con tiempo y resistencia. En este último, los rallies son más largos. Y la verdad, más entretenidos.
Pero originalmente, tres de los cuatro Grand Slams se jugaban en pasto: el Abierto de Australia, Wimbledon, y el US Open.
Sin embargo, hoy ya solo queda pasto en Wimbledon, e incluso este ha cambiado.
Sospechoso…
¿Pues qué pasó aquí?
Justo aquí es dónde la gente debate si el cambio fue deliberado o no.
Si algunas mentes maestras orquestaron la muerte de los saque y voleadores para vender mejor el espectáculo del tenis… para entregar rallies más largos que apaciguaran a las masas y enriquecieran los contratos televisivos.
Y pues quizá sí haya algo de esto.
Probablemente no como maestros titiriteros, pero si en la búsqueda de volver el tenis un mejor negocio. Digo, producto. Digo, deporte.
Peeeero…
Hay mucho más que considerar.
El pasto es caro, delicado, y variable. Las condiciones climáticas y variedad de factores alrededor del mundo lo vuelven una superficie difícil de mantener y estandarizar.
Y sabiendo que desde la era open y la profesionalización del tenis, los jugadores ya tienen más voz y voto en dónde quieren o no jugar. Y nadie quería jugar en pastos mal hechos.
“A nadie le gustaba el pasto en Forest Hills” (donde se juega el US Open) dice Joel Drucker, y tras amenazas de boicotear el torneo en 1975, se hicieron cambios a la superficie. Primero se usó arcilla verde, pero los costos elevados los llevaron a cambiar a superficie dura en 1978.
En 1988, Australia cambió a superficie dura también.
Pero espera, porque de la superficie dura no hemos hablado mucho. Aunque si, se supone que es una superficie intermedia, las poderosas raquetas de finales de los 80s y 90s hacían que se notara poco la diferencia y el juego continuaba aceleradísimo.
Aquí los fans empezaron a quejarse. Con partidos como el primero que cité en este artículo, hace 500,000 palabras, donde los rallies no duraban más de tres tiros. No había tiempo para darle un trago a la cerveza. El espectáculo había muerto.
Y aquí es donde sí hubo mano negra (gracias a Dios). De vuelta al pasto, en 2001, el club inglés levantó todas sus canchas, que hasta entonces habían sido un compuesto de 70% ryegrass perenne y 30% festuca roja, y pusieron en cambio nuevo pasto, 100% de centeno.
Este pasto permitía que la tierra se mantuviera más seca y firme, entregando un bote más alto.
Además, en 2002 se introdujo la pelota específica para juego en pasto, que era 6.5% más grande, resistiendo más el viento y alentando un poco más aún las cosas.
No hubo un solo saque y volea en la final de ese año.
Wimbledon nunca admitió que sus cambios fueran explícitamente para alentar el juego, pero los resultados hablan por sí solos.
En cuanto a las superficies duras, para 2003 las canchas del US Open agregaron más arena y pintura, ahí sí diciendo que era con toda la intención de establecer un campo “más justo, para mantener la integridad de la competencia.”
Y así continuó la tendencia, tanto así que Federer, Nadal, y Djokovic, los tres nombres más grandes del tenis masculino reciente, pertenecen a un tipo de juego particular, el que da nombre a la era actual del tenis…
Era del juego de fondo (2000s a la fecha)
Con canchas más similares, el que ganó fue el tenis (como diría Federer). Pues nos entregó una era donde los jugadores más espectaculares se dan con todo desde atrás, midiendo y ajustando sus técnicas entre partido y partido, torneo y torneo, y entre generaciones. Perfeccionando sus estilos en rivalidades que dan para la historia.
Porque además, que la velocidad entre las canchas esté más nivelada, no quiere decir que los estilos no sean distintos. Por algo Federer fue el maestro del pasto, Nadal de la arcilla, y Djokovic hizo historia en la superficie dura. Luchando entre ellos y por momentos arrebatándose los títulos, que sabían mejor cuando los ganaban en la superficie que por excelencia pertenecía al otro. Y así nos dieron más de 20 años de espectáculo, los que ahora conocemos como los tres grandes, con Djokovic aún dando batalla a la nueva generación.
Alcaráz y Sinner son los nuevos elegidos. Ambos jugadores de fondo también. Pero ya no un fondo necesariamente defensivo. Un fondo que hace daño en cada golpe. En el que cuesta sangre ganar un punto.
Es difícil no dibujar comparativas. Fueron décadas de dominio de los tres grandes, y apenas aparecen estos dos y ya queremos encontrarles parecido. Aún hay quienes buscan quién será el tercero que venga a encontrarlos como Djokovic llegó a patear la puerta que Nadal y Federer sostuvieron al principio.
Quizá llegue otro, quizá no.
Quizá esta nueva rivalidad nos dure otros veinte años.
Quizá uno de ellos pruebe el Bacardí y se nos acabe el gusto.
Lo importante no es eso. Sino disfrutar la evolución. Hoy, me atrevo a decir, estamos viendo el mejor tenis que ha existido. Si, todos extrañamos a los tres grandes compartiendo terreno. Así también se extrañó a los que vinieron antes.
Pero el mismo tenis ha evolucionado de tal forma que estamos viendo quizá el inicio de otra época de oro. Muy seguido escuchamos que las cosas ya no son como antes. Esa maldita nostalgia que nos hace creer que lo mejor ha quedado atrás.
No hace falta meterse demasiado a fondo para ver que las cosas siempre han estado en movimiento. Querer volver a cómo fue antes es siempre, siempre un engaño.
Cada generación piensa que la suya fue mejor. Que la siguiente mató el deporte.
Pero el deporte no muere, solo evoluciona. Y así todo… Todo evoluciona, y aquí en El Chanfle, eso se celebra.
Ya me desvié. Pero es que a mi el deporte me parece un buen reflejo de la vida y de la humanidad. Y si esto resuena contigo, te invito a que sigas ElChanfle.mx, donde escribo ensayos y columnas sobre el lado cultural del deporte y el lado deportivo de la cultura. Para que te pongas al tiro con los deportes tu también.
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