Apocalipsis
Robots, ajedrez, y Fórmula 1
En 1997 Garry Kasparov, campeón del mundo en ajedrez, se preparaba para dar revancha a un rival que hace apenas un año había vencido.
El año anterior se habían enfrentado seis veces. Kasparov perdió una, empataron dos, y finalmente ganó las últimas tres para declararse vencedor.
Pero mientras Kasparov estudiaba el arte del juego, su rival entraba al laboratorio para recibir un entrenamiento que solo podría compararse al que recibió Goku en la cámara del tiempo. Pues en lugar de leer libros de teoría y practicar con sus pares, Deep Blue, el rival en cuestión recibiría una actualización de software que en 1997 le daría a Kasparov una cucharada de su propia medicina.
Deep Blue fue una supercomputadora dedicada al ajedrez, y su victoria sobre el humano en 1997 marcó un hito en el desarrollo de la inteligencia artificial. Para 2002 y 2003, ya cualquier computadora comercial podía vencer a la mayoría de los humanos. Pero para 2005-2006, la cosa ya no estaba ni cerca. La desktop que tus papás habían puesto en “el cuarto de la compu” podía vencer a Vladimir Kramnik mientras tu, en segundo plano, descargabas el álbum completo de La Revancha del Principe Charro y otros cuarenta y cuatro virus por Limewire.
Así también, en noviembre de 2025, Mr Beast publicó un video titulado El Hombre Más Rápido del Mundo vs. un Robot.
El video, sin embargo, no se limita a una carrera. Se trata casi de una micro olimpiada donde compiten humanos excepcionales contra robots en distintas disciplinas. Yo le hubiera puesto algo así como Robolimpiadas o Los Juegos del Hardware. Pero quién soy yo para decirle a Mr Beast como atraer un clic. Por algo él tiene 469 millones de suscriptores y yo, pues… hmm.
En fin, en el video, vemos a el hombre más fuerte del mundo competir contra una máquina volteando coches y jalando un camión. Vemos a un ex beisbolista profesional intentar batear un pitch de una máquina que dispara bolas a 150 km/h. Vemos también a un golfista competir con un robot en un juego de precisión, una competencia de patadas de fútbol americano, a Manu Ginobilli en una competencia de canastas, a George Russell contra un coche manejado por IA, y finalmente, a Noah Lyles contra tres robots en un sprint.
Sorprendentemente, los humanos ganan en las competencias fuerza y velocidad. En el béisbol también. Sin embargo, nos apabullaron en todas las de precisión.
Pero la que más me impresionó, y sobre la que quiero hablar en este artículo, es la competencia de automovilismo, que tiene mucho de velocidad, pero también mucho de precisión, por lo que no sabría en cuál de las dos clasifica.
Se trató de una competencia de vuelta rápida y, spoiler, también la ganamos. Por poquito, pero ganamos. Y eso que venían Mr Beast y George Russell en el coche, que asumo pesarán más que la computadora que venía manejando el otro.
Pero durante la vuelta se escuchan comentarios de cómo la IA tendría la estrategia óptima para recorrer la línea de carrera. Podemos imaginar que una computadora recorrerá la pista a la perfección, sin error humano, llevando el coche al límite, y tomando cada curva de la forma más científicamente eficiente posible.
Y sin embargo, gana Russell.
Quiero imaginar que se trata de un factor de caos que vive en el humano.
Alguna estadística menos medible que lleva a un ser humano a tomar una decisión que no será la óptima, la más eficiente o certera, pero que solo un competidor sabe que le dará la fina diferencia entre una victoria y una derrota. Quizá ganar una carrera se trata menos de una mente fría y más de un corazón en llamas.

Pero quizá no. Quizá se trató de algún otro factor. Algún cambio en el viento o las llantas. Quizá en un año la computadora reciba una actualización y entonces ya no haya carrera.
Pero hoy por hoy el humano gana.
Lo que me lleva a la Fórmula 1.
Esta temporada (que está empezando al tiempo que se publica este artículo), nos dará la primera generación de una nueva era de autos.
El cambio más grande en regulaciones desde 2014, cuando se introdujeron los coches V6 híbridos. El público entró en pánico. Era el fin del mundo.
Esas poderosas máquinas que habían llenado de posters las paredes de los cuartos de su juventud y de carritos miniatura sus repisas estaban siendo arruinadas.
Una cosa había sido quitarles los gritonsísimos motores V12 de los 70s para pasar a V10 y luego a V8. Pero V6, y ¡además híbridos! ¿De qué se trataba? Ellos querían ver el pináculo del deporte motor, no una carrera de Prius.
¿Sería entonces el 2014 el fin de la Fórmula 1?
Nel.
Para tanto brinco y protesta que dieron los apocalípticos, la temporada continuó sin mayor golpe en su popularidad.
Las regulaciones continuaron y se fueron puliendo temporada tras temporada hasta entregarnos la camada de autos que vimos en los últimos años. Los más rápidos que han competido en esta categoría. Y además un auge en popularidad, sobre todo, en el público joven. Bueno, más bien creo que mi definición de joven ha cambiado con los años. Pero chavos como de mi edad digo.
En fin… entonces el cambio no terminó siendo tan malo.
¿Te das cuenta que casi nunca lo es?
Pero la gente de algo se tiene que quejar. Y el miedo a lo desconocido es la herramienta perfecta para disparar una nostalgia selectiva que es la mentira más grande que nos contamos a nosotros mismos.
Ahorita estamos hablando de Fórmula 1, pero la lógica se traduce bien a todo lo demás.
Sin embargo, es marzo de 2026 y la temporada acaba de comenzar. Y los cambios a las regulaciones son los más significativos que el deporte ha visto desde aquel 2014.
Y es el apocalipsis del deporte motor otra vez.
Que si dejará de ser un deporte de audacia y talento y pasará a ser un deporte de manejo de baterías.
Que si será un concurso de ver quien tiene los cargadores más rápidos.
Que si se parecerá más a la Fórmula E que al “pináculo del deporte motor” (les flipa esa frase).
En fin. No hemos aprendido nada.
Lo mantengo. El cambio casi siempre es bueno. Y este tipo de cambios a las regulaciones no son el fin del mundo. Son una nueva era. Y te garantizo que (ok, tras algo de prueba y error), estos coches también rebasarán a los del año pasado.
Te lo garantizo tanto que publico este artículo antes de que se apaguen los semáforos de la primera carrera de la temporada.
Tu que tienes el beneficio de leerme al hora que quieras, ven y cuéntame si tuve razón desde ahorita o si me voy a tardar un poco más en tenerla.
Pero la tendré. Tarde o temprano.
Peeeeeero.
Y este es el gran pero.
Yo también tengo algo de apocalíptico.
Y lo descubrí hace poco. Siempre había sido muy fácil burlarme de los que no veían la salida en lo que para mi no era tanto rollo. Pero ay mijito, eso de la IA si está de la fregada, ¿no?
A mí sí me puso a temblar el coche que se maneja solo. Porque cuando contecté la robolimpiada de Mr Beast con las nuevas regulaciones de F1, me di cuenta de una cosa.
Si fuera cierto lo que dicen los analistas de escritorio, y la F1 sí se vuelve mucho más un tema de manejo de eficiencia, ¿qué pasa entonces cuando el robot que venció George Russell reciba un update?
¿Qué pasa cuando el corazón caliente que romantizamos allá arriba se vuelva el punto más débil de un coche marcando una vuelta rápida?
¿Te imaginas que todos los que se quejaron tengan razón y esto se vuelva una categoría de ingenieros y no de pilotos? O sea, pero literalmente. Que no haya pilotos.
A ver, si se dice que en la F1 se desarrollan muchas de las tecnologías que después llegan a los vehículos del mercado, y hoy es bien sabido que lo que viene son los vehículos autónomos, ¿será que para allá va la cosa?
Que pronto se trate de escuderías compitiendo en el desarrollo del mejor sistema autónomo y ya no se trate de soñar con ver a Checo en el podio, o de ver si Max trae pique con otro, o de cualquier drama que le de sabor a la categoría.
Terror.
Si me asusta. Pero la verdad, no creo.
No creo que nada de esto pase. O a lo mejor y si, un ratito, pero más para cambiar como pensamos en la competencia, no para sustituirla.
¿Por qué creo esto?
Creo que tengo razones para creerlo. Más que puro optimismo humano, también creo que tengo fundamentos. Pero primero te cuento la parte de mero optimismo.
A ver, si llevas un rato leyendo El Chanfle, sabes que creo que el deporte, si no es arte, al menos vive en el mismo reino animal que ella. ¿Por qué? Pues sigue leyendo El Chanfle y te explico, pero por ahora solo haré referencia a su factor humano.
Para que la Fórmula 1 sea deporte, tiene que haber un humano corriendo el coche. Una categoría de carreras donde los coches compiten contra ellos mismos no es deporte, es ingeniería. Y está bien. Creo que tendría su público.
Pero si ver a una fila de robots seguirse el uno al otro en una línea matemáticamente perfecta y optimizada te parece teto, es porque lo es.
Yo lo que quiero ver es cuánto valor le va a tomar a Hamilton estirar la capacidad de la máquina para que Ferrari vuelva a ganar algo. Quiero ver como Alonso se la mienta a todos cuando todo le vuelva a salir mal. Ni modo, no es su culpa. Pero en cierto punto si tienes que ir a hacerte una limpia brother. Yo quiero el chisme de antes, durante, y después de la carrera.
Y una cosa es cierta, y es que los robots no saben chismear. En esta categoría que me estoy inventando de deporte motor autónomo, que no sería deporte, sino puro motor, lo más interesante que podríamos tener sería “chana le copió el diseño a juana”. ¡Uy! qué fuerte… ¿qué vamos a cenar?

Sin embargo no dudo que pase.
No en la F1 como tal, pero una carrera por aquí y por allá. Quizá alguna exhibición de pilotos contra máquinas. Max vs The Machine. Orale va, sí la vería. Con el mismo interés y compromiso que vi el video de Mr Beast. Una curiosidad novedosa y no mucho más.
¿Y por qué creo que puedo decir esto con fundamento?
Porque ya sucedió.
Como dice tu tía la más informada: La historia no siempre se repite, pero a veces rima.
Quizá te preguntes qué le pasó a Deep Blue, la supercomputadora con la que abrimos este artículo.
¿Qué pasó con todas esas partidas que se realizaban de campeones de ajedrez contra algoritmos?
Si la máquina ya venció a todos los campeones, entonces seguramente ahora compite con otras máquinas. O los mejores ajedrecistas están unidos en una misión por derrocarla.
O quizá más bien habiendo encontrado una campeona definitiva, el deporte del ajedrez dejó de ser practicado por humanos por completo.
Pues no.
Las computadoras de ajedrez siguen existiendo y se siguen utilizando. Pero ya no como contrincante en un torneo, sino principalmente como dos cosas:
Primero, se usan para que puedas jugar ajedrez en tu teléfono o en tu computadora contra rivales ficticios de capacidades regulables. Para que nunca tengas que enfrentarte a alguien demasiado difícil que no puedas vencer si no quieres. O para ir practicando tus movidas poco a poco, sin tener que pasar por la humillación o la paciencia que requiere jugar contra otro ser humano.
Y segundo, y esto si en el ámbito profesional del deporte, las computadoras de ajedrez se usan para analizar las partidas. Para encontrar los errores y practicar estrategias. Para descifrar y corregir, aunque sea después del hecho, los momentos clave donde la partida se ganó o se perdió.
Y en la Fórmula 1 ya hay algo de esto también.
No sería completamente nuevo.
Las escuderías y pilotos llevan añísimos practicando en simuladores cada vez más realistas. Ahí se desarrollan las mejores líneas de carrera, se encuentran los puntos clave para intentar un rebase o la mejor estrategia a seguir en cada pista. Todo en un ambiente controlado, digital, reduciendo riesgos y costos y añadiendo todos los beneficios que ya dominamos de la virtualidad.
Lo que añadiría el F1 autónomo perfecto sería un poco eso, pero en esteroides. ¿Me explico?
Eso creo yo. Y por eso respiro y se me pasa el susto.
O ¿tú qué crees? ¿Debería seguir asustado?
¿Es este en verdad el apocalipsis?
En fin, gracias por leerme,
—Eugenio









Totalmente: "Yo quiero el chisme de antes, durante, y después de la carrera. Y una cosa es cierta, y es que los robots no saben chismear. "
Me quedo con lo que dijo la más sabia de las tías: "la historia no se repite pero a veces rima", jajajaja!!!
¡Qué maravilla de post Eugenio! Aprendí mucho de Fórmula 1, de IA y de buenos chismitos que, al final, nos hacen humanos.
Por cierto ¿Checo sigue casado o lo dejó su señora por el Monaco affair?